Mientras
Celia y Christopher arriban a la isla griega de Mikonos
, descubrimos la increíble belleza del
lugar. Ellos también la están descubriendo por primera vez y entre demostraciones
de afecto y fotografías del paisaje escuchamos al hombre contarnos, como si pudiera
leernos los pensamientos, que fue lo que sintió al poder fotografiar esos
paisajes por primera vez: es amor a primera vista y lo entendemos .
Una canción suena. Interpretada por un hombre y una mujer ,el cantante pregunta a su compañera si ésta lo ama
tanto como él la ama a ella, a lo que ella , con su dulce voz ,responde que sí , que lo ama tanto como él la ama a ella y
que siempre lo hará. Pensamos que la
canción acompaña perfectamente este momento, y que deliberadamente está
relacionada con la pareja de protagonistas, que parecieran haber llegado desde
Inglaterra en una suerte de luna de miel
. Aun así eliminamos ese pensamiento rápidamente. La escena anterior a la recién descripta , la primera de la película,
nos mostraba a un Cristopher a medio morir pidiendo a gritos la ayuda de su
amada , por lo que inmediatamente entendemos que la bella canción que suena no está
utilizada más que para incrementar esa persistente sensación de desolación que
intenta transmitir el director en Island of Death , como si de una irónica manipulación se
tratara.

A partir
de una curiosa escena en que la pareja
tiene sexo en una cabina telefónica al tiempo en que telefonean a la
madre de Christopher (Robert Behling) , sólo para que ésta oiga los gemidos desde el otro
lado , la película cambia radicalmente. Se nos revela gradualmente que los
asesinatos son la actividad favorita de los recién llegados y que las
fotografías de los mismos su hobby.

El film
de Nico Mastorakis es un ejercicio de perversión . Se encuentra desprovisto de moral. De hecho, el único claramente
moralista es su protagonista. Un hombre de ideología harto conservadora y
accionar cavernicalesco , por el cual terminará pagando recién al hacia el final de la
historia. El director se esconde detrás de la figura de Christopher a modo de
excusa para mostrarnos un festival de lo
prohibido de lo más variado.
Esa dualidad , de quien por razones morales comete acciones que no lo son
(a enumerar : zoofilia , asesinatos recurrentes
a homosexuales, infieles y drogadictos , y demás) es quizás el punto de mayor
interés de la cinta mas que sus dosis de
violencia y sexo gratuitos. Aunque sin desmerecer estos últimos, ya que la
belleza rabiosa de Celia ( Jane Lyle) y
lo ingenioso de algunas de las muertes (una con ingesta de pintura incluida ), sumado
a esa desesperante sensación mezcla entre melancolía y extrañeza , heredadas de
The Wicker Man (1973) y Don´t Look Now
(1973) justifican con creces al menos su visionado.

