ISLAND OF DEATH (TA PAIDIA TOU DIAVOLOU , 1977)

  
Mientras Celia y Christopher arriban a la isla griega de Mikonos , descubrimos  la increíble belleza del lugar. Ellos también la están descubriendo por primera vez y entre demostraciones de afecto y fotografías del paisaje escuchamos al hombre contarnos, como si pudiera leernos los pensamientos, que fue lo que sintió al poder fotografiar esos paisajes por primera vez: es amor a primera vista y lo entendemos .
 Una canción  suena. Interpretada por un hombre y una mujer  ,el cantante pregunta a su compañera si ésta lo ama tanto como él la ama a ella, a lo que ella , con su dulce voz  ,responde que  sí , que lo ama tanto como él la ama a ella y que siempre lo hará.  Pensamos que la canción acompaña perfectamente este momento, y que deliberadamente está relacionada con la pareja de protagonistas, que parecieran haber llegado desde Inglaterra  en una suerte de luna de miel . Aun así eliminamos ese pensamiento rápidamente. La escena anterior a la  recién descripta , la primera de la película, nos mostraba a un Cristopher a medio morir pidiendo a gritos la ayuda de su amada , por lo que inmediatamente entendemos que la bella canción que suena no está utilizada más que para incrementar esa persistente sensación de desolación que intenta transmitir el director en Island of Death , como si de una irónica manipulación se tratara. 
                    
A partir de una curiosa escena en que la pareja  tiene sexo en una cabina telefónica al tiempo en que telefonean a la madre de Christopher (Robert Behling) , sólo para que ésta oiga los gemidos desde el otro lado , la película cambia radicalmente. Se nos revela gradualmente que los asesinatos son la actividad favorita de los recién llegados y que las fotografías de los mismos su hobby.                       
                
El film de Nico Mastorakis es un ejercicio de perversión . Se encuentra desprovisto de moral. De hecho, el único claramente moralista es su protagonista. Un hombre de ideología harto conservadora y accionar cavernicalesco ,  por el cual terminará pagando  recién al hacia el final de la historia. El director se esconde detrás de la figura de Christopher a modo de excusa  para mostrarnos un festival de lo prohibido de lo más variado.     
   
 Esa dualidad , de quien por  razones morales comete acciones que no lo son (a enumerar : zoofilia , asesinatos  recurrentes a homosexuales, infieles y drogadictos , y demás) es quizás el punto de mayor interés de la cinta  mas que sus dosis de violencia y sexo gratuitos. Aunque sin desmerecer estos últimos, ya que la belleza rabiosa de Celia ( Jane Lyle)  y lo ingenioso de algunas de las muertes (una con ingesta de pintura incluida ), sumado a esa desesperante sensación mezcla entre melancolía y extrañeza , heredadas de The Wicker Man (1973) y Don´t  Look Now (1973) justifican con creces al menos su visionado.
                                            


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